Campanillas
Pequeños poemas inprovisados y soñados
Soñé otra vez con las campanillas,
Soñé con lo cetrino, con lo nostálgico y lo perdido,
Soñé con ojos claros y soñé con ojos negros,
Soñé que eras eterno y que mi cuerpo era arena,
Soñé con gestos suaves y palabras fugaces,
Y soñé que no despertaba, que solo soñaba,
Es como quedarse atrapada entre mundos inexistentes,
Como quedarse aferrada a un pasado muy lejos de mi presente,
¡Pero qué delirio el sueño, qué delicia las ideas!
¡Qué emocionante ver en sueños lo clandestino!
De lo etéreo es difícil escapar,
Por más que corra de ello, nunca lo puedo evitar,
Es lo etéreo lo que me aferra a la tierra,
Es lo etéreo lo que me inspira día a día.
En mis sueños aparece, cada tanto, la campanilla lejana,
El floripondio evanescente,
La flor iluminada que carga anhelos lejanos,
Quién sabe por qué aparecerá, ni yo sé los motivos,
Pero esos sueños los atesoro con todo,
Son mi cofre mágico, un breve lugar seguro,
Un recuerdo nostálgico de la juventud soñada,
De la juventud que pudo haber sido y no fue,
De la juventud que solo se hace sueño,
Efímera, sublime, y perdida.
¿A dónde se fue tu fantasma?
¿A dónde huyó el cuerpo?
¿Que habrá sido de los acentos raros y las palabras escondidas?
¿Qué habrá sido del alma que danzaba constantemente en mis sueños?
Ojalá algún día lo sepa, pero no me desespero,
No le temo al tiempo ni le temo al viento,
Las campanillas seguirán ahí en mis sueños.




